BOLIVIA EN LOS AÑOS 80

CALA CALA A más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, donde el aire se adelgaza y el horizonte parece infinito, se levanta Cala Cala*. Entre las tierras altas de Oruro y las montañas de Potosí, la comunidad habita un paisaje de puna: pastos duros, arbustos resistentes y un suelo que guarda en silencio la memoria de quienes lo trabajan desde generaciones. El viento recorre las laderas como un visitante permanente, llevando consigo la dureza y también la fuerza de estas tierras. La vida aquí transcurre entre la mina y el campo . Los hombres, acostumbrados al vaivén, descienden en invierno a los socavones cercanos, buscando en el mineral un ingreso que asegure la subsistencia. Con la primavera regresan a los surcos, sembrando junto a sus familias el maíz, la papa y la haba, antes de volver otra vez al trabajo minero o a empleos ocasionales en los pueblos vecinos. Las mujeres sostienen el latido cotidiano . Ellas preparan la comida, cuidan a los hijos, pastorean a los animales y acompañan la siembra. Además, sobre sus espaldas recae la responsabilidad de traer agua y leña, caminando largas distancias con pesadas cargas en un territorio donde cada recurso es un bien escaso. Su esfuerzo, muchas veces silencioso, es la columna que mantiene en pie a la comunidad. En la mesa se repiten los alimentos que la puna ofrece: maíz, habas, papas y ch’uñu . Esta papa deshidratada – cuyo nombre en quechua significa “seco, arrugado” – condensa la sabiduría ancestral: transformar la helada nocturna y el sol inclemente en una técnica de preservación que asegura comida para los meses difíciles. El ch’uñu es más que un alimento; es símbolo de resistencia y de continuidad cultural. ¡CERCA DEL CIELO PERO LEJOS DE DIOS! * Cala Cala proviene del quechua qala qala , que significa “piedra sobre piedra” o “lugar de piedras”. El nombre alude al paisaje pedregoso del altiplano y a la firmeza de quienes habitan esas tierras. 93

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI2NTE=