BOLIVIA EN LOS AÑOS 80
MÚSICA PARA LA TIERRA La iglesia de piedra, testigo de encuentros y resistencias, observa en silencio mientras la plaza se transforma en un escenario colectivo. Los músicos no buscan aplausos: tocan para la tierra, para sus muertos, para los que vendrán. En sus monteras, plumas y adornos recuerdan que en el Tinku lo ritual y lo guerrero se confunden, que la música es tanto arma como ofrenda. El sonido de las zampoñas se entrelaza con el de los pinkillos , y el aire se vuelve vibración pura. 176
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