BOLIVIA EN LOS AÑOS 80
LA MÚSICA En el Norte de Potosí , la música no se entiende como un espectáculo individual, sino como un acto colectivo. Cuando las comunidades se reúnen para el Tinku o para las fiestas agrícolas, decenas de músicos soplan sus zampoñas, jula julas y pinkillos en un mismo aliento. El sonido es unitona l, casi hipnótico, como si una sola nota fuera suficiente para convocar a la Pachamama y a los ancestros. Ese murmullo continuo y áspero no busca variaciones melódicas ni adornos: es fuerza bruta hecha viento, repetición que sostiene la danza, energía que atraviesa el cuerpo. Los bombos y las cajas marcan el pulso, mientras el aire helado del altiplano vibra con la intensidad de los soplidos. La monotonía no es pobreza musical, es resistencia sonora . Es la manera en que los pueblos del norte de Potosí se reconocen en un mismo ritmo, se funden en un mismo círculo y reafirman su pertenencia a la tierra. Cada nota, repetida una y otra vez, recuerda que la vida en la puna también es así: dura, persistente y colectiva. El Tinku no es espectáculo, es vivencia. En cada nota se escucha el grito de los cerros, la memoria de los antepasados y la promesa de que, mientras la música suene, la comunidad seguirá unida. 165
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