BOLIVIA EN LOS AÑOS 80

columna vertebral del movimiento obrero boliviano– decidieron tomar las carreteras y caminar hacia La Paz en lo que se conoce como las Jornadas de Marzo . Miles de trabajadores de Siglo XX, Catavi, Huanuni y otras minas, acompañados por sus esposas e hijos, avanzaron hacia la sede de gobierno exigiendo soluciones frente al hambre, la inflación y el desempleo. La movilización no solo mostró la fuerza y la dignidad de la clase obrera, sino también la crisis terminal del pacto entre el gobierno y la COB. Las mujeres mineras, organizadas en comités de amas de casa, jugaron un rol fundamental: ellas sostenían las marchas, organizaban la alimentación colectiva y convertían la protesta en una lucha familiar y comunitaria. Su presencia fue decisiva para dar continuidad a la resistencia social en tiempos de represión y crisis. Las Jornadas de Marzo simbolizaron el quiebre definitivo entre el gobierno de la UDP y el movimiento obrero, y abrieron paso al giro neoliberal que se consolidaría tras las elecciones de 1985 con la promulgación del Decreto Supremo 21060, impulsado por Víctor Paz Estenssoro. Esta medida significó la relocalización de más de 20.000 mineros, el desmantelamiento de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y el inicio de una era de privatizaciones y ajuste estructural dictada por organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Durante las siguientes dos décadas, Bolivia vivió bajo la impronta de gobiernos neoliberales, con profundas consecuencias sociales: migración masiva del altiplano hacia las ciudades, crecimiento del comercio informal, desplazamientos hacia el Chapare cocalero y debilitamiento del movimiento sindical tradicional. No fue sino hasta 2006, con la elección de Evo Morales Ayma, líder cocalero y primer presidente de origen indígena, que se abrió un nuevo ciclo político. Su llegada simbolizó la recuperación de la centralidad indígena * y popular en la vida nacional, en contraposición a los años de exclusión y ajustes neoliberales. * La centralidad indígena se refiere al reconocimiento del papel fundamental de los pueblos originarios y sus organizaciones en la toma de decisiones sobre sus territorios, culturas, derechos y el desarrollo sostenible. Implica que las comunidades indígenas deben estar en el centro de las políticas y acciones que les afectan, garantizando su autonomía, participación y el respeto a sus cosmovisiones para construir sociedades más justas y diversas 14

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