BOLIVIA EN LOS AÑOS 80

LA CELEBRACIÓN VISTA DESDE LAS ALTURAS Resguardados en el arco de piedra de la iglesia, dos hombres observan con calma el ir y venir de la fiesta. Desde allí, el viento frío de la puna apenas los alcanza, y la altura les ofrece una vista privilegiada de la plaza. Sus ponchos caen pesados sobre los hombros, protegiéndolos del clima cambiante, mientras sus miradas siguen cada detalle: la llegada de las comunidades, el inicio de las danzas, los saludos y reencuentros. En ese marco de piedra se funden la solemnidad del templo y la vivacidad del Tinku , dos rostros inseparables de la vida en Cala Cala. Desde lo alto del campanario, la escena se amplía: el horizonte de cerros grises, la plaza colmada de gente, las calles de tierra que se abren como venas hacia los barrios. Los hombres encaramados en las ventanas de piedra no solo buscan refugio del viento helado, también ocupan el mejor mirador para seguir el pulso de la celebración. Uno de ellos levanta la mano, saludando a alguien entre la multitud, mientras las campanas cuelgan silenciosas, esperando su turno para anunciar el momento más solemne. Abajo, los músicos afinan sus instrumentos y las comunidades continúan llegando. Desde esa altura, el Tinku aparece como un gran mosaico en movimiento, donde cada persona, cada sonido y cada gesto forman parte de una tradición que, año tras año, vuelve a latir en el corazón de Cala Cala . 130

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