BOLIVIA EN LOS AÑOS 80
LA SONRISA COMO FUERZA DE VIDA A casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, Cala Cala se levanta en un paisaje donde el aire es delgado y el frío cala hasta los huesos. Como dijo un poeta: “Tan cerca del cielo, pero tan lejos de Dios.” El rostro de este hombre, surcado por arrugas profundas, es un mapa vivo de su historia: las huellas del trabajo agotador en la mina, el sol implacable de la puna y el viento cortante que acompaña cada jornada. En los años ochenta, la esperanza de vida en la región apenas alcanzaba los 50 años; llegar a esa edad era ya un logro. Sin embargo, su sonrisa desafía la dureza de la existencia y nos recuerda que, incluso en los lugares más inhóspitos, la dignidad y la alegría pueden florecer. 128
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